Historia

 
          Gracias a nuevas investigaciones realizadas, y que aun hoy continúan, entre las corporaciones soleanas de Sevilla (España) y Lima (Perú); para conocer la historia de nuestra Cofradía limeña tenemos que remontarnos al origen hispalense de la misma de donde procedieron nuestros fundadores.
 
 
           El primer dato documentado (1549) sitúa a la Hermandad de la Soledad de Sevilla en el Monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos (hoy parroquia de San Benito). Allí continuaba en 1557, año de la aprobación de las primeras Reglas, que marcarían la antigüedad en el riguroso orden que debían guardar las Cofradías en las procesiones generales de aquel tiempo y que las hermandades sevillanas defendieron con tanto celo. Tras pasar breves estancias en las iglesias del convento de Santiago de la Espada o de los Caballeros, donde se encuentra en 1561, y del Hospital del Amor de Dios (hacia 1568), se estableció definitivamente en 1575 en el monasterio Casa-Grande del Carmen Calzado de Sevilla, siendo este hecho refrendado por Gregorio XIII en 1584 mediante Bula Pontificia. Años antes, en 1570, durante su única visita a Sevilla, el rey Felipe II había acudido a orar ante la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, advocación de la cual fue siempre gran devota su tercera mujer, Isabel de Valois.
 
 
          Es cuando la Cofradía Sevillana se encuentra en el Monasterio del Carmen el momento en que un grupo de hermanos soleanos, que habrían viajado para radicar en América, precisamente al Virreinato del Perú, se asientan en la “Ciudad de los Reyes” y llevados por su gran amor y devoción a María Santísima fundan en el convento de San Francisco de esta ciudad, la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Lima con la misma espiritualidad y regla de su Cofradía de origen como también las costumbres y tradiciones de su ciudad natal.
 
 
          Es importante rescatar que es en el Monasterio Casa-Grande del Carmen donde vivió la Cofradía de la Soledad de Sevilla época de gran esplendor, resaltando los cronistas y analistas como la de mayor devoción a Nuestra Señora y abundante riqueza, como sucediera también, de forma similar, con la Cofradía limeña al establecerse en su capilla propia en 1604. Ambas instituciones solo las podían integrar lo mejor de la nobleza de estas ciudades y donde para ingresar había que presentar como condición muestras de hidalguía. Es en este lugar donde los componentes de los hermanos adquieren un gran amor a nuestra Señora influenciados, sin duda, por la espiritualidad carmelita de sus religiosos, pues “el Carmelo es todo de María” (León XIII), de igual forma, de la orden carmelita se hereda el uso del escapulario, así como también se toma el diseño del habito que viene distinguiendo a los hermanos soleanos desde el siglo XVI, tomado de unos cuadros del claustro principal del Monasterio donde aparecen frailes carmelitas con escapularios negros, que es el color usado por la orden en esa época y que justamente en ese siglo se cambiara por el marrón o café con la reforma de Santa Teresa de Jesús; pero como la Cofradía de la Soledad llego a este monasterio antes del cambio de color, se continuará con el color negro hasta la actualidad. En Lima, las primeras constituciones que se aprueban por parte del arzobispado de la “Ciudad de los Reyes del Perú” el 26 de Abril de 1603 siendo arzobispo de Lima Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, describen lo siguiente: “...los hermanos de luz y sangre de esta Santa Cofradía, vestidos con túnicas blancas y escapularios negros; y en ellos puesta la insignia de la Soledad que es la imagen de nuestra Señora al pie de la cruz, y con el cordón del Señor San Francisco y los pies descalzos en forma de verdadera penitencia, y sin llevar cosa superflua e indecente...” 
 
 
           Es en Lima, a fines de 1500, específicamente 1571, cuando provienen las mas remotas referencias de la existencia de una “Cofradía de la Soledad” con sede canónica en la Iglesia de San Francisco de Lima, que solicita en ese mismo año, al Cabildo de Lima, permiso para hacer estación de penitencia en la noche del Jueves Santo, tradicionalmente reservada para la Cofradía de la Veracruz.
 
 
          Como herencia de las corporaciones soleanas españolas, desde sus inicios nuestra Cofradía tenía como Titulares no solo a María Santísima de la Soledad, sino también a Cristo Yacente. Hacia finales del siglo XVI la Cofradía denominada en los documentos antiguos como “La Soledad de San Francisco” empezó a procesionar los Viernes Santos con más de un millar de penitentes (Lohmann Villena, Guillermo: “La Semana Santa de Lima”. Lima, 1996; pag. 14).
 
 
          A pesar de esta referencia, se han encontrado documentos recientes, precisamente la primera constitución de nuestra Cofradía limeña archivada en el Arzobispado de Lima, los cuales datan su fundación el 13 de Abril de 1603. “Digo yo Fray Benito de Huerta, Guardián y Predicador de este Santo Convento de San Francisco de esta ciudad, como Hernán Sánchez y Francisco Martín Reyna y Andrés de la Barreda y Bernandino Ramírez, y otras personas han tratado de fundar en este convento la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y que sea de sangre conforme lo han tratado y para que conste tienen capilla para el dicho efecto, doy fe que la tienen y la nombro yo en nombre del Convento que es la de San Diego junto a Capilla de Santa Catalina, la cual les está señalada a los hermanos para el efecto tratado en sus constituciones; y lo firme de mi nombre en los Reyes a 13 de abril de 1603 siendo testigos Bernardo de Acuña y Diego de Montoya y Rodrigo Pérez”
 
                     La primera Capilla de la Soledad o la "Capilla Primitiva" fue adquirida por la Cofradía a la comunidad franciscana pagando por ella "la construcción de un claustro alto en el interior del convento" según consta en los Libros de Actasla Capilla fue concluida en 1604 según reza una inscripción conmemorativa que hasta el día de hoy se conserva en el Salón de Cabildos de la Cofradía y que a la letra dice: “Reinando la católica Majestad de Felipe III se acabó esta capilla de los hermanos de Nuestra Señora de la Soledad siendo sus mayordomos Don Francisco Martín de Reina y Don Hernando Sánchez. Año de 1604”.
 
 
          Las referencias a esta primera capilla de la Soledad son exiguas, la mencionan brevemente algunos cronistas conventuales y sobre todo se tiene un documento gráfico invaluable en los lienzos de propiedad de nuestra Cofradía que representa la procesión de la Soledad a mediados del siglo XVII, en el cual el anónimo pintor representó la fachada de esta primitiva Iglesia y su entorno arquitectónico como telón de fondo a esta célebre procesión.
 
 
           El cronista franciscano Fray Diego de Córdoba y Salinas en su “Crónica de la Religiosísima Provincia de los Doce Apóstoles del Perú” menciona hacia 1651 que la Primitiva Capilla levantada para acoger la imagen de Nuestra Señora de la Soledad poseía una portada sencilla y un interior de una sola nave con muros recubiertos de azulejos y 5 retablos incluido el principal.
 
 
          El crecimiento de la devoción a Nuestra Señora de la Soledad también se tradujo en un aumento del patrimonio artístico de la Cofradía, así vemos pues que el 10 de Julio de 1619 los Mayordomos de la Cofradía de la Soledad contrataron con el arquitecto y escultor catalán Pedro de Noguera el esculpir, encarnar y estofar una imagen articulada del Crucificado para ser usada en la ceremonia del "Descendimiento de la Cruz"; la obra importó la suma de 550 pesos e incluía la corona y las potencias. La escultura se terminó en 1620 y ese mismo año se le empezó a rendir culto hasta nuestros días. Esta imagen del crucificado es articulada en hombros y cuello, y todos los Viernes Santos, terminado el Oficio de la Pasión, recorría las calles de Lima como Cristo Yacente en andas de plata, acompañado de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad bajo palio y de otros pasos de la Pasión, tal como puede observarse en los dos lienzos de propiedad de la Cofradía llamados “Procesión de Viernes Santo”.
 
 
          Estas obras retratan la procesión de la Virgen de la Soledad y del Señor del Santo Entierro a mediados del siglo XVII. El primero de ellos muestra el cortejo procesional con los pasos de “La Lanzada”, “El Descendimiento” y “La Santa Cruz” que ya han ingresado a la Plaza de Armas de Lima. Rodean los pasos personajes de la sociedad virreynal como los caballeros de las diferentes Ordenes Militares, Caballeros de Santiago, clérigos y religiosos de distintas Ordenes, penitentes, alumnos de la Real Universidad de San Marcos y pueblo en general. El segundo lienzo representa la parte final de esta solemnísima procesión del Viernes Santo; pueden verse los pasos del “Santísimo Cristo del Santo Entierro” (Cristo Yacente), el “Paso de Palio” con Nuestra Señora de la Soledad y el llamado “Paso de la Loza”; van haciendo guardia a estos los frailes del vecino convento de San Francisco con cirios en la mano, esta parte del cortejo procesional se sitúa claramente saliendo del interior de la Capilla Primitiva de la Soledad con su sencilla portada que cobija una imagen de la Virgen de esta advocación y ventanas altas, en cuyo atrio se ha levantado un escenario bajo toldo en el que ha quedado la cruz vacía (El Cristo ya ha sido descendido) y a sus lados los dos ladrones crucificados.
 
 
          Siguiendo al cronista Suardo, sabemos que la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad era la mas importante de la ciudad, como lo refieren también otros los cronistas de la época cuando señalan que el Viernes Santo 10 de Abril de 1637 la Cofradía de la Soledad tuvo como porta estandarte al Dr. Juan de la Vega, protomédico del Virreinato, marchando a su lado todos los barberos y cirujanos de la Ciudad con su respectivo cirio en la mano, siendo muy crecido el número de disciplinantes de sangre. Consta en el Archivo Arzobispal que el Viernes Santo de 1653 la "Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y del Santo Entierro" se ponía en marcha hacia las cuatro y media de la tarde, y de acuerdo al cronista franciscano Córdoba y Salinas “...pasea gran parte de la ciudad y tiene más penitentes que las demás...”, dato ratificado por el Padre Bernabé Cobo que menciona mas de mil penitentes.
 
 
          Por estos años los Padres Franciscanos consiguieron autorización para avanzar una y media vara sobre la posteriormente llamada "Calle de la Soledad", con el seguro propósito de aumentar el área de un claustro que en aquel lugar se hallaba por aquellos años; décadas después este ensanche seria utilizado por la Cofradía en la construcción de la nueva Iglesia. El Muy Reverendo Padre Padre Fray Luis de Cervela OFM Comisario General de la Orden, decidió ampliar la portería del Convento, para lo cual transó con la Cofradía de la Soledad la demolición de su primitiva capilla y la permuta de terrenos para la edificación de una nueva Iglesia.
 
 
          La planta elegida para la nueva Iglesia fue la de cruz latina de brazos cortos, consolidándose con esta obra ese diseño para la ciudad de Lima. La primera piedra fue colocada en ceremonia solemne en tiempos del Virrey Conde de Lemos y la última gobernando la Real Audiencia y electo Conde de Castellar, el cual costeó su retablo mayor en agradecimiento a Nuestra Señora de la Soledad que lo salvara de un arcabuzazo un día que salía de este Templo, al cual tuvo por su preferido al igual que la aristocracia y autoridades de la ciudad, inscribiéndose el de Castellar juntamente con su esposa como cofrades.
 
 
           Hacia fines del Siglo XVII la crisis económica que se abatió sobre el Virreinato del Perú afectó también a diversas Hermandades y Cofradías, que vieron reducidas sus rentas producto de las cuotas de los hermanos y hermanas y de las limosnas de los devotos. La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad no fue la excepción.
 
 
           Posteriormente, la lucha por la Independencia Nacional afectó grandemente a la Cofradía, por ser considerada “Cofradía de Españoles” debido a que muchos de sus miembros pertenecían a la nobleza, aristocracia, o eran personas acaudaladas que luego de la independencia vieron perdidas sus posesiones e incluso sus vidas.
 
 
           El siglo XIX, lleno de profundos cambios políticos y sociales, fue testigo de un progresivo languidecimiento de las tradiciones y de las instituciones, muchas de las cuales terminaron por extinguirse. En el caso de la Cofradía de la Soledad, esta se vio sumida en la más profunda postración y hacia 1830 ya no le era posible efectuar su estación de penitencia los Viernes Santos.
 
 
           Con el avance del siglo y la estabilidad política y económica del país se recuperó algo la devoción pero los cultos se redujeron al interior del Templo, solo con el Septenario y la solemnidad de los Dolores de Nuestra Señora el Viernes de Dolores.
 
 
           Otro quebranto que afecto a la Cofradía fue la guerra con Chile y la aplicación por parte del gobierno de la Ley del 02 de Noviembre de 1889, que intervenía la administración de sus bienes inmuebles cedidos desde épocas coloniales por los devotos y cofrades para mantener el culto, a favor de la Beneficencia Pública de Lima, la que se convirtió en administradora de ellos.
 
 
           En el año 1989 a iniciativa del recordado Mons. Alberto Brazzini Díaz-Ufano, Obispo Auxiliar de Lima y del entonces Arzobispo de Lima S.E.R. Augusto Cardenal Vargas Alzamora SJ, se revitalizó la Semana Santa limeña y gracias a sus trabajos y desvelos la venerada imagen de Nuestra Señora de la Soledad volvió a recorrer las calles de Lima el Sábado Santo de 1990 después de casi 200 años de receso, conmemorando la Soledad de María y acompañada del Apóstol San Juan. En 1992 se restauró nuestra imagen titular en un intento de recuperar su originalidad, así mismo se adquirió el nuevo paso de palio que importó una crecida suma y que fue costeada en parte por el mismo Mons. Alberto Brazzini.
 
 
           A partir del 2004 en la Cofradía, como por deseo de Nuestra Señora, se comienza a producir un gran cambio, se elaboran proyectos y acciones en búsqueda de su propia identidad, espiritualidad y carisma conforme lo inspirado por el Señor a nuestros fundadores descritos en antiguos documentos fundacionales que se comienzan a hallar tanto en el Perú como en España, así como también en otras fuentes. Con el lema “Volver a nuestros Orígenes”, se comienza a depurar todas aquellos modelos y costumbres adquiridos con el tiempo y que no eran propias de nuestra institución para volver a nuestra raíz penitencial en su mística y expresión cultual. En respuesta a las orientaciones Conciliares y a aperturarnos a nuevas formas del seguimiento de Cristo, sin que los hermanos salgan de nuestra institución sino mas bien que se adhieran a ella. Se comienza a orientar nuestros fines hacia la profundización de nuestra vida en unión con Dios y la vivencia de una verdadera fraternidad, haciendo de la Cofradía un lugar de encuentro con el Señor y de conversión personal a El a través de la contemplación de María Santísima en el misterio de su Soledad imitando sus virtudes. Se intensifica la formación inicial y permanente de los integrantes y la practica de los ejercicios de piedad y devoción propios de nuestra sana tradición, así como se impulsa una constante vida de oración, ascética y solemnización de la litúrgia.

           Todos estos cambios tienen su fruto con nuevas formas de incorporación y de consagración a la familia soleana, y se oficializan canónicamente con la promulgación de los nuevos estatutos el 08 de septiembre del 2009, fiesta de la Natividad de María, por S.E.R. Juan Luis Cardenal Cipriani Thorner, Arzobispo de Lima, donde nos establece como Asociación Publica de Fieles Hermanos de Nuestra Señora de la Soledad integrada por la "Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, "La Hermandad de Hermanos Colaboradores de Nuestra Señora de la Soledad" y la "Comunidad de Hermanos Oblatos de Nuestra Señora de la Soledad".
 
 
          En la Madrugada del 05 de Junio del 2005 un terrible incendio afecto gran parte del patrimonio artístico y religioso de la Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad incluyendo la imagen de su Titular, ello sirvió para que la ciudad de Lima fijara nuevamente sus ojos y su piedad en María Santísima y en esta advocación en particular y para que la Asociación reafirme su compromiso de profundizar en su vocación cristiana, espiritualidad y en el carisma propio. El incendio también, permitió descubrir el atesorado de los retablos en pan de oro y pan de plata, así como en las numerosas imágenes de los siglos XVI, XVII y XVIII, patrimonio de la Cofradía, que estuvieron cubiertos por muchos años y últimos siglos, con numerosos repintes que se les habían realizado a través del tiempo y que a su vez protegieron las encarnaciones, estofados y colores originales de los mismos. La imagen de Nuestra Señora de la Soledad, que fue la primera en restaurarse, presenta en la actualidad su real belleza, encarnación original y el sistema de articulación en hombros, codos, muñecas y cuello como lo realizara su imaginero cuando la esculpió.
 
          En la actualidad, el culto y devoción a Nuestra Señora de la Soledad ha venido en aumento, mucho mas después del incendio, creciendo de forma considerable el número de fieles y devotos que se acercan a su Iglesia con la finalidad de alcanzar alguna gracia por intercesión de la Santísima Virgen y de aquel milagro que solo ella sabe que realmente necesitamos, sobretodo el de nuestra propia conversión.